La presencia de s angre en el cerebro por fuera de los vasos sanguíneos produce una alteración en la irrigación cerebral y puede estar asociado como se ha expresado anteriormente, a la ruptura de una aneurisma por efecto de elevación de la presión arterial, traumatismos y más factores que modifican la integridad de los vasos sanguíneos. Este tipo de eventos se pueden presentar en dos formas; hemorragia intracerebral y hemorragia subaracnoidea.
Cuando ocurre una ruptura en un vaso sanguíneo cerebral, ocasiona presencia de sangre en el cerebro en diferentes áreas. Esto es conocido como ataque cerebrovascular hemorrágico intracerebral y está asociado a lesiones que se producen por una elevada presión sanguínea o en algunos casos por otras enfermedades que alteran la pared del vaso por acumuluacion de proteinas como es el caso de la angiopatía amiloide. La gravedad de la hemorragia cerebral dependerá directamente de la cantidad de sangre derramada y del tejido cerebral donde ésta se produce.
Otro caso de hemorragia ocurre cuando se da la ruptura de un vaso sanguíneo cerca de la superficie del cerebro. Este evento se conoce como ataque cerebrovascular hemorrágico subaracnoideo. Usualmente estos vasos son congénitamente anormales y pueden presentar ciertas dilataciones (aneurismas). De acuerdo con la National Stroke Association, esta hemorragia puede causar que las arterias cercanas tengan un espasmo y se cierren, lo que reduce el flujo sanguíneo y causa un ataque cerebrovascular.
La presencia
sangre en el cerebro por fuera de los vasos sanguíneos o derrame cerebral es una emergencia neurológica, debido a esto, el diagnóstico y tratamiento es esencial para evitar complicaciones funcionales futuras. ES un evento que puede alterar múltiples zonas del tejido cerebral, algunos síntomas pueden incluir:
El derrame cerebral previo
Ataque isquémico transitorio (AIT): evento temporal de disfunción neurológica que genera síntomas en un tiempo inferior a 1 hora sin causar daños permanentes. Las personas que ya han sufrido un AIT tienen un riesgo mucho mayor de sufrir un derrame cerebral o ataque cerebral isquémico.
La hipertensión Arterial (presión alta): es el factor más importante en el desarrollo de derrame cerebral ya que puede aumentar el riesgo hasta 5 veces. Generalmente es conocida como “asesina silenciosa” ya que incrementa el daño en el corazón así como en los vasos sanguíneos sin generar síntomas evidentes.
Las enfermedades cardíacas: como es el caso de fibrilación auricular, arritmias cardiacas, insuficiencia cardiaca, infartos agudos de miocardio, entre otras.
El exceso de colesterol: los hábitos alimenticios poco saludables promueven el depósito de grasas en las paredes de las arterias, dando lugar a lesiones vasculares y flujo sanguíneo turbulento que puede desencadenar un derrame cerebral y enfermedades cardíacas.
La diabetes mellitus: aumenta el riesgo de sufrir un derrame cerebral. En los pacientes diabéticos tipo II se recomienda mantener una dieta equilibrada para contribuir en el control de los niveles de glicemia y sodio.
De acuerdo con lo publicado anteriormente, se llevan a cabo los siguientes exámenes para determinar la gravedad de tejido lesionado tras el derrame:
Exploración física: se evalúan la alteración neurológica y la persistencia de los síntomas. Durante el examen físico se toman los signos vitales y se tendrá en cuenta todos los antecedentes personales, familiares, tóxico alérgicos, farmacológicos en relación con enfermedades cardíacas, arteriosclerosis o accidentes cerebrovasculares previos.
Análisis de sangre: son pruebas que estarán enfocadas en evaluar la rapidez de la formación de los coágulos de sangre o a detectar posibles causas del derrame.
Exploración por tomografía computarizada (TAC): consiste en una serie de rayos X para crear una imagen detallada del cerebro. Una exploración por tomografía computarizada puede mostrar una hemorragia, un tumor, un ataque cerebrovascular entre otros.
Angiografía cerebral: en este examen se utiliza una inyección de material de contraste para examinar vasos sanguíneos en el cerebro y así identificar anormalidades tales como aneurismas y enfermedades como la aterosclerosis (placa). Este procedimiento además puede brindar una visión detallada de las arterias del cuello.
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